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La violación de la dignidad humana. Artículo de opinión publicado en La Nueva España

La violación de la dignidad humana. Artículo de opinión publicado en La Nueva España

Publicado el 24/11/17 Noticias

 

 La violación de la dignidad humana

 

El fatídico 7 de Julio de 2016 un grupo de hombres violan supuestamente a una joven de 18 años en las fiestas de San Fermín en Pamplona.

En pleno proceso judicial, se ha generado un debate mediático alrededor de una prueba admitida a trámite.

 

Legos en Derecho Penal, desconocemos los motivos que pueden llevar a los magistrados de la Sección Segunda de la Audiencia Provincial de Navarra a considerar un informe de la actividad de la joven en las redes sociales las semanas posteriores al suceso: ¿admisión probatoria?¿una violación más de la dignidad humana?

 

La sexualidad adulta se encuentra gravemente hipertrofiada, distorsionada, obsesiva y compulsiva. La sexualidad que domina en el imaginario social se caracteriza por hacer de la pornografía  una cotidianeidad. La erótica asociada a lo femenino domina nuestra sociedad de consumo, la mujer es un objeto más para ser poseído. Las estrategias de marketing utilizan las imágenes sexuales sin el menor decoro. Un perfume, un coche, ya no son objetos con una utilidad determinada sino que se encuentran al servicio de la pasión, el poder y la conquista sexual. Estamos ante una sociedad histriónica con capacidad para sexualizar cada encuentro y cada objeto.

Hombres y mujeres participamos de la adquisición de una valía y autoestima enfermiza a través de aquello que consumimos. La mujer y el hombre solo son dos objetos más. Sociedad narcisista que cosifica personas.

 

Las mujeres, hipersexualizadas desde etapas cada vez más tempranas. Ridiculizadas por no poseer un cuerpo perfecto y sensual que mostrar, y culpabilizadas por mostrarlo. Una sociedad femenina con vuelta a lo “histérico” necesitada de superficialidad y exageración.

 

“La manada” supone el reflejo caricaturesco de una sociedad que construimos entre todos. Su forma de violencia va más allá de una agresión sexual. Se trata de la exposición pública de una violación grupal, un espectáculo dantesco que debía ser mostrado y difundido. Una conducta animal y no humana. El “otro” para “la manada” no era NADIE, un objeto más despersonalizado para ser usado. Las necesidades del otro, sus deseos, su subjetividad simplemente no existen. Los unos solo sirven para cubrir las necesidades narcisistas de los otros. La percepción empática del “otro” no es necesaria.

 

En este caso la víctima es una joven mujer y los verdugos ellos, los hombres; podría ser al revés, no nos engañemos. Abusos de poder, agresiones, violaciones, atentados contra la dignidad del ser humano no tienen “género”. Solo llegamos a conocer una ínfima pero descorazonadora parte de ellas. Nada justifica los abusos de un ser humano para con otro. Nada justifica una violación. Indepedientemente de quienes seamos, de nuestra forma de actuar, de vestir, de sentir o de pensar, nada justifica una violación en su sentido más amplio.

 

Nos deshumanizamos. No hay lugar para las víctimas, solo para los verdugos.

 

Pero además la víctima no solo es culpabilizada, sino que además de la víctima se duda. Sobre la joven supuestamente violada en los San Fermines han caído ambas lacras.

 

 

Las víctimas no solo son culpables de haber provocado aquello que les ocurre. Se espera de nosotros y nosotras que suframos, que mostremos las señas del dolor, de la tortura. Solo de esta forma la violencia habrá sido real. Nuestra subjetividad anulada. El grado de culpabilidad de los violadores se relaciona con el grado de trauma infligido a la víctima.

 

En el caso de la violación en los San Fermines la defensa quiere demostrar que la joven supuestamente violada no presenta ningún trauma posterior.

 

Desde el punto de vista de la psicopatología la mujer violada puede presentar un Trastorno por Estrés Postraumático (TEPT) caracterizado principalmente por recuerdos angustiosos e intrusivos respecto al acontecimiento traumático, la presencia de conductas evitativas ante estímulos que le recuerden la violación acompañadas de reacciones disociativas donde se revive mentalmente la violación (flashbacks).

 

Sin embargo cerca del cincuenta por ciento de las mujeres violadas no desarrollan un TEPT. La personalidad premórbida de la mujer, el haber tenido traumas previos o la presencia  anterior a la violación de síntomas depresivos, por ejemplo, son factores decisivos de vulnerabilidad a la hora de desarrollar o no un TEPT. Es decir, una mujer violada puede hacer una vida aparentemente normal y no presentar ningún síntoma de TEPT. 

 

Nada justifica una violación. Dejemos a las víctimas serlo y luchemos entre todos contra “las manadas”.