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¿QUÉ REQUISITOS HA DE TENER UNA TERAPIA PARA QUE SEA EFICAZ?

Los síntomas ansiosos tales como la presión en el pecho, la taquicardia, la excesiva sudoración, la falta de respiración o los mareos son los síntomas más comunes de la ansiedad. Son producidos al percibir la persona una situación de peligro sea esta cierta o no. En su producción intervienen la forma de percibir el paciente cognitivamente la situación y el sistema nervioso autónomo (adrenalina).

Pienso en mi próximo examen  taquicardia

Pero hay ocasiones en las que nuestro cerebro actúa muchas veces de forma automática dándonos la sensación de que no hemos “pensado” en nada y sentimos ansiedad igualmente. Esto ocurre porque disponemos de  un órgano cerebral muy importante que regula las reacciones emocionales de las personas: La AMÍGDALA.

La amígdala produce reacciones:

  • Atomáticas: “Tengo ansiedad, no se por qué y no puedo controlarlo”
  • Rápidas: Reacciona inmediatamente ante situaciones de peligro creando tanto reacciones corporales (como la taquicardia) como emocionales (sensación de angustia)

La amígdala reacciona así porque es la encargada de aprender emocionalmente y guarda en la memoria situaciones que conscientemente se nos han olvidado y que hemos aprendido en el pasado incluso hace muchos años. Reacciona provocando síntomas ansiosos pero lo hace de forma que no podemos controlarlo ya que hemos olvidado qué es lo que nos causa ansiedad.

El cerebro reacciona provocando una intensa ansiedad “sin pensar”.

La amígdala utiliza esquemas para guardar información ansiosa. Estos esquemas son adaptativos y buenos para la persona cuando aprende en esa situación. Le ayudan a evitarla y así a protegerse de ella. Con el paso del tiempo y el cambio de las situaciones estos esquemas se vuelven “maladaptativos”, es decir, de forma automática y rápida producen reacciones de ansiedad ante situaciones que no deben producirla. Lo peor de todo es que al ser estas reacciones automáticas la persona no tiene ningún control sobre ellas y lo único que puede hacer es evitarlas. Su amígdala está provocando ansiedad de forma automática y la persona no sabe a qué tiene miedo por lo que no puede cambiarlo.

Por ejemplo: Un padre demasiado rígido siempre exige a su hijo Antonio que saque unas notas excelentes y si no lo hace le da a entender su desaprobación. El niño aprende que es válido cuando cumple las altas expectativas de su padre y cuando no las cumple no es válido. Esto ocurre durante toda la infancia y  Antonio aprende “valgo cuando cumplo las exigencias de los demás, si no las cumplo no valgo”. Este esquema le hace sacar muy buenas notas durante su infancia por lo que es un esquema adaptativo que le ayuda a no sufrir la desaprobación excesiva de su padre. Como esto ocurre durante toda la infancia el cerebro lo automatiza gracias a la intervención de la amígdala. Antonio piensa así pero no lo sabe, ya no es consciente de ello. Pasan los años y ya en la vida adulta Antonio sufre ATAQUES DE PÁNICO: quiere agradar a todo el mundo, se queda más horas de las debidas en el trabajo sin necesidad por lo que los jefes están encantados con él, siempre hace lo imposible por agradar a su mujer y evitar cualquier discusión con ella, todo el mundo le pide favores y él rápidamente quiere solucionarlos, es el hijo ideal siempre está pendiente de sus padres. Quiere agradar a todos cumpliendo sus expectativas hasta que no puede más y comienza a tener ataques de pánico muy frecuentes. El no sabe qué le ocurre, no sabe de dónde vienen los ataques de pánico que son “como llovidos del cielo”.

Lo que ocurre en este ejemplo es que el esquema aprendido en la infancia por Antonio “valgo cuando cumplo las exigencias de los demás y si no las cumplo no valgo” adaptativo para evitar la desaprobación del exigente padre  ha pasado a un nivel automático gracias a la amígdala en el que Antonio no es consciente de que piensa así aunque le obligue a buscar la aprobación de todos los que le rodean hasta que no puede más y sufre ataques de pánico. El esquema “valgo cuando cumplo las exigencias de los demás y si no las cumplo no valgo” es ahora maladaptativo y Antonio no sabe cómo salir de su propia trampa arraigada en lo más profundo de su cerebro ya que no siquiera es consciente de ello.

En el tratamiento psicoterapéutico es vital APRENDER A CONTROLAR LOS ATAQUES DE PÁNICO para lo que existen técnicas cognitivo-conductuales muy eficaces (test de hiperventilación, descatastrofización, técnicas de control de la respiración…) pero además reeducar la amígdala del cerebro de Antonio para cambiar el esquema maladaptativo. PERO LA PSICOTERAPIA TAMBIÉN DEBE AYUDAR A LAS PERSONAS A SER CONSCIENTES DE CÓMO PIENSAN, es decir, desautomatizar el esquema maladaptativo aprendido en la infancia para poder cambiarlo (una información inconsciente no es susceptible de cambio). SI ÚNICAMENTE SE TRATASEN los ataques de pánico, Antonio volvería a actuar de la misma manera y sus problemas de ansiedad nunca se solucionarían del todo.

Los esquemas maladaptativos no son accesibles conscientemente para la persona que los tiene ya que están automatizados en el sistema límbico (amígdala). Sin embargo sí producen síntomas ansiosos y depresivos. Es decir la persona padece los síntomas como la ansiedad pero no es consciente de dónde vienen, se encuentra anclada en sus aprendizajes pasados que le producen gran malestar pero no es capaz de corregir por sí mismo ese malestar ya que no sabe qué lo produce.

Los intensos síntomas como los ataques de pánico, muchas veces actúan como distractores del paciente y del terapeuta pudiendo llegar a desviar el tratamiento hacia técnicas que pueden ser eficaces para tratar el ataque de pánico pero no para solucionar el problemas ansioso de la persona.

Los síntomas ansiosos y depresivos son un producto de una forma de pensar e interpretar automática o consciente.
Así como los psicofármacos solo actúan sobre la parte superficial del trastorno, los síntomas, la psicoterapia actúa sobre la raíz del trastorno, las cogniciones disfuncionales y los esquemas maladaptativos.

LA CLAVE DE UNA TERAPIA EFICAZ ESTÁ EN TOMAR UNA DISTANCIA TANTO POR PARTE DEL PACIENTE COMO POR PARTE DEL PSICOTERAPEUTA DE LOS SÍNTOMAS QUE PRESENTA Y TOMARLO COMO LO QUE SON: UN PRODUCTO MUY MOLESTO DE UNA FORMA DE PENSAR ACERCA DE LO QUE RODEA AL PACIENTE.

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