• Quiénes somos
    La historia de la Clínica Persum está hecha de esfuerzo, responsabilidad para con el paciente y amor por nuestra profesión.
    Los psicoterapeutas que hacen de PERSUM una Clínica de calidad han sido formados por grandes profesionales de reconocido prestigio dentro y fuera de...
    A lo largo de estos 20 años desde nuestros comienzos la formación ha sido una constante en nuestras carreras profesionales.
    Hemos destinado grandes recursos para dotarnos de unas instalaciones que ofrezcan al paciente un lugar agradable y cálido.
  • Metodología
  • Especialidades
    Tratamientos eficaces orientados por su personalidad.
    Un enfoque relacional único, adaptado a cada pareja, para disminuir los conflictos de forma definitiva.
    Tratamientos definitivos orientados por su personalidad.
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    Cambios estructurales en su personalidad para garantizar la recuperación.
    Los síntomas somáticos: tratamientos eficaces para enfermedades reales.
    Tratamiento ambulatorio intensivo con intervenciones individuales y grupales de tipo psicoterapéutico y psicoeducativo.
    Desarrollo personal y autoestima tomando en cuenta su personalidad: una forma honesta de llevarle al éxito emocional.
    Psicología infantil atendiendo al desarrollo de la personalidad.
  • Tratamientos
    Precisión en el diagnóstico y personalización del tratamiento. Mejores resultados tomando en cuenta la personalidad del paciente.
    Una terapia relacional única, adaptada a cada pareja y sus personalidades.
    Nos distingue un enfoque donde el paciente llega a conocer su funcionamiento mental, disminuir sus dificultades interpersonales, compartir...
    Nuestra área de Psiquiatría y Farmacoterapia ofrece el soporte farmacológico necesario para el tratamiento de los síntomas diana.
    La forma más eficaz y segura de experimentar los beneficios de la práctica de la atención plena.
    Disfunciones sexuales atendidas desde una perspectiva integradora que toma en cuenta la personalidad.
    Diagnósticos fiables y precoces. Intervenciones tempranas y efectivas, con atención al desarrollo de la personalidad del menor.
    Nuestra psicoterapia facilita una comprensión familiar del problema y capacita para la búsqueda de soluciones.
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    Publicaciones corporativas, noticias de actualidad de la clínica, organización de cursos y talleres, jornadas y congresos en los que participe la...
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    El objetivo del blog es crear un espacio de salud mental donde los usuarios encuentren información de calidad y puedan compatir sus experiencias.
    Nuestro compromiso personal es acercar al público en general y a los medios de comunicación una información rigurosa y apoyada sobre la evidencia...
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PERSUM Clínica de Psicoterapia y Personalidad
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Inicio > Actualidad > ¿Por qué elegir una Psicoterapia integradora orientada por la personalidad?
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¿Por qué elegir una Psicoterapia integradora orientada por la personalidad?

Publicado el 17/10/2015
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Muchas personas buscan ayuda psicoterapéutica aquejadas de diversos síntomas recurrentes en el tiempo que causan un gran malestar y deterioro significativo en sus vidas, manifestando problemas en el entorno o en la adaptación familiar, social o laboral. Sin embargo, en la mayor parte de los casos, esto es tan solo la punta del iceberg, una alarma que nos informa de que algo no está funcionando bien en la estructura psíquica del individuo. Y es que la manera en la que los sujetos interpretan, piensan, sienten, se comportan y se relacionan con los demás, en definitiva, su personalidad, puede ser en sí misma disfuncional.

El sentido de los síntomas, sus orígenes y funciones pueden ser muy diferentes de unas personas a otras. Comprender el significado del síntoma es conocer la manera en que todos estos elementos interactúan generando una personalidad patológica generalmente egosintónica , es decir, desapercibida para el individuo que ha aprendido a ser así y no suele ser consciente de cómo ésta puede generar y envolver a sus síntomas.

El desarrollo global de la personalidad es consecuencia de múltiples influencias: la genética, el temperamento, la salud, la cultura, las experiencias, etc. pero numerosos estudios determinan que las relaciones interpersonales y, en concreto, los vínculos de apego, constituyen una parte determinante en la construcción neurobiológica e interpersonal de la misma. Los primeros años de vida, incluida la vida intrauterina, son muy importantes en los procesos de desarrollo y la maduración del self. Sin la relación con los otros, no hay capacidad de dar significado a la experiencia interna.

Las relaciones interpersonales nos ayudan a definir quiénes somos y hasta donde llega nuestro espacio vital en relación con el de los demás, así como a ordenar el material interno de forma que tenga un sentido que facilite la integración de las distintas experiencias de vida, incluso las negativas o traumáticas. La forma en la que se han dado los cuidados tempranos, o la falta de ellos, afectan a la maduración cerebral, a la regulación afectiva, a las capacidades cognitivas y a la auto y heterobservación.

El objetivo de este post es justificar una psicoterapia integradora orientada desde la personalidad que ayude al paciente a entender emocional y racionalmente como la misma está en la raíz de sus síntomas y sus dificultades relacionales. Para ello, es imprescindible llevar al individuo de la egosintonía a la conciencia de problema o egodistonía a fin de desarrollar un sentido de sí mismo o self cohesionado y una regulación emocional más adaptativa y funcional que module la rigidez cognitivo- afectiva de sus rasgos de personalidad mejorando su pronóstico y disminuyendo las recidivas en el tiempo de su sintomatología.

El instrumento esencial para ello es la relación terapéutica en donde es necesario que el/la psicoterapeuta entienda la necesidad única que presenta cada paciente a través de la validación, la confrontación empática y la reparación proporcionando la seguridad, los límites y el apoyo que cada persona requiere en su proceso de cambio.

Trabajando en cooperación con el/la paciente, el/la psicoterapeuta puede proporcionarle una nueva experiencia interpersonal constructiva que desafíe sus esquemas relacionales existentes y le ayude a regular sus sistemas de afrontamiento y defensa generadores de síntomas.

DESARROLLO DE LA PERSONALIDAD DESDE UNA PERSPECTIVA NEUROBIOLÓGICA INTERPERSONAL

De cerebro derecho a cerebro derecho: “Saberse sentido”

Los bebes son criaturas subcorticales que no tienen la capacidad por si mismos de entender ni de regular sus estados internos. Winnicot (1964) afirma que la figura de apego debe funcionar como un “cortex auxiliar” que identifique y responda a las necesidades del niño/a interviniendo en su homeostasis y ayudándole a alcanzar un estado interno de regulación y de equilibrio mental.

El desarrollo temprano del bebé se produce en el campo del saber implícito, que es un saber no simbólico, no verbal, procedimental y no consciente registrado en el Sistema Límbico, concretamente en la amígdala, también llamada memoria emocional, cuya función es regular las reacciones del organismo que son cruciales para la supervivencia del individuo y la especie. Aunque algunas de ellas se basen en universales biológicos la mayor parte están condicionadas por las particularidades de la historia personal del sujeto. La amígdala constituye tanto un órgano de memoria como de evaluación registrando la experiencia en forma de recuerdos emocionales presimbólicos no conscientes (LeDoux,1996).

El apego está impulsado por la necesidad de seguridad sentida. Durante los primeros 18 meses de vida del niño/a, hasta la adquisición del lenguaje, la comunicación con sus cuidadores/as es fundamentalmente no verbal y por lo tanto, la sensación de seguridad del bebé dependerá de la habilidad de los/as mismos/as de leer su mente y su cuerpo, es decir, de mentalizar con él. Las/os niños/as necesitan interacciones intersubjetivas y reguladoras del afecto en las que lleguen a conocerse a la vez que son conocidos por el otro. La postura mentalizadora se fomenta a través de la receptividad sensible del cuidador/a siendo totalmente dependiente de la capacidad del mismo de mentalizar (Wallin 2012; Siegel 2010).

El procesamiento diádico implícito de estas comunicaciones de apego son producto de las operaciones del hemisferio derecho de la figura de apego interactuando con el cerebro derecho del niño/a quedando estas experiencias profundamente codificadas en el cerebro como recuerdos emocionales que tienden a ser globales, generalizados y muy influyentes. En función de cómo hayan sido estas experiencias, el sujeto evaluará la seguridad o riesgo percibido en otras situaciones relacionadas y actuará en consecuencia. Estos vestigios del pasado, lingüísticamente inaccesibles y situados al margen de la consciencia, sesgan nuestras evaluaciones de la experiencia en el presente.

La amígdala ofrece una evaluación afectiva precognitiva y rápida de la situación en términos de su valor de supervivencia siendo el acelerador que prepara al Sistema Nervioso Simpático para luchar o huir. Este dispositivo nos hace percibir lo que hemos codificado como peligroso actuando en consecuencia sin esperar a que se active el procesamiento, mucho más lento, de la mente consciente.

Daniel Siegel (2010) afirma que unos progenitores emocionalmente sensibles a las señales del bebé actúan como un sistema de protección psicológica y fisiológica del mismo, el cual, si se siente sentido, desarrolla una imagen de sí mismo como alguien valioso y digno de ser querido. Como comentábamos anteriormente, estas respuestas sensibles se codifican implícitamente en el hemisferio derecho constituyendo la base de su identidad, su regulación emocional y sus relaciones futuras con los demás (Payás,2010). Las expresiones del yo que evocan receptividad sintónica en la figura de apego pueden integrarse, mientras que las que evocan respuestas negadoras, impredecibles o aterradoras o faltas de respuesta serán excluidas o distorsionadas con fines defensivos (Wallin, 2012). Los estilos de apego se codifican en esta memoria implícita en forma de la representación de lo que el individuo esperará, hará, sentirá y pensará cuando se enfrenta a lo que para el significa una amenaza.

Vínculos de apego

Las crianzas deficitarias en estos periodos críticos del desarrollo pueden dejar lesiones persistentes en la manera en la que el individuo maneja su experiencia. Si el/la niño/a no ha sido bien cuidado/a y no se ha estado en sintonía con su mundo interno, es decir, si este/a no se ha sentido “sentido/a de merecer amor” tiende a ignorar sus señales internas informadoras y reguladoras de sus necesidades no siendo capaz de dar significado a sus recuerdos o experiencias que permanecen disociadas. Esto condiciona la manera en la que un individuo se ve a sí mismo, se regula emocionalmente y se relaciona con los demás.

A veces, el/la cuidador/a es emocionalmente frío/a de forma consistente de tal manera que todos los intentos del niño/a de aproximarse y entrar en contacto con él/ella acaban en dolor emocional generando miedo a la vinculación. Las conexiones son sistemáticamente poco frecuentes y no consoladoras así que la experiencia interna e interpersonal de estos individuos elusivos/negadores esta modelada por el sentido inconsciente de que el yo es imperfecto, dependiente e indefenso mientras que los demás van a reaccionar con una respuesta del tipo parental, es decir, de forma controladora, punitiva y rechazadora. Como la necesidad de consuelo y conexión no puede extinguirse ante la amenaza o el dolor y solo es posible defenderse de ella, el niño/a con un vínculo evitativo se anestesia emocionalmente para no sentir la experiencia emocional que podría activar el sistema de apego promoviendo para ello estrategias de distancia, control y autosuficiencia.

En otras ocasiones, la respuesta del adulto es impredecible siendo en algunos momentos agobiante y emocionalmente intrusiva generando en los bebes la incertidumbre relativa a si sus propias necesidades serán sintonizadas y satisfechas. Esto evoca en ellos la sensación interna de incertidumbre con una necesidad urgente y continua de alivio sobre la preocupación acerca del abandono generando así un apego ansioso ambivalente. Es por ello que el/la niño/a demanda de forma incesante y angustiada el contacto. Sin embargo, los cuidados no suelen corresponderse con sus necesidades. El individuo ambivalente aprende estrategias de activación crónica del sistema de apego basadas en la amplificación de la angustia ante la posibilidad de abandono. De esta manera, se mantiene hipervigilante con los signos reales o imaginados de desaprobación, alejamiento o rechazo en el otro miembro de un vínculo, socavando su equilibrio emocional, su autoestima y su confianza en los demás. En consecuencia, tiende a ser demasiado consciente de los pensamientos, sentimientos y sensaciones corporales amenazadores, y propenso a exagerar su significación. La experiencia interna e interpersonal de estas personas esta modelada por el sentido inconsciente de que el yo no es suficientemente querido y de que los demás siempre pueden abandonarle.

En los apegos desorganizados están implicadas conductas desorientadas, temerosas y amenazantes de los/as progenitores/as. Los/as niños/as no pueden acudir a la figura de apego ni alejarse de ella pues es a la vez fuente de peligro percibido y único refugio. Como los/as niños/as son incapaces de interpretar las motivaciones que subyacen a las conductas de sus padres son vulnerables a la creencia de que son ellos los causantes del miedo, el alejamiento o la desorientación de los mismos. Tales experiencias de “sentirse en peligro ante” o de “ser peligroso para” una figura de apego de la que depende la propia supervivencia son demasiado abrumadoras para integrarlas. De tal forma, estos individuos se sienten siempre amenazados por una continua vulnerabilidad a la disociación, a la emoción incontrolable y a un mundo externo que resulta peligroso por la proyección hacia fuera de la experiencia interna insoportable lo que conlleva a problemas significativos en el desarrollo de una mente coherente y cohesionada.

La atención de los/as cuidadores/as, cuando reúnen los rasgos del apego de tipo seguro, se convierte en predecible y provoca en el/la niño/a una vivencia de coherencia y cohesión interna. Estos vínculos, sobre todo en los primeros años de vida, son necesarios para el desarrollo y la integración de las funciones del hemisferio derecho y el izquierdo, así como de las funciones límbicas y corticales. Tal integración propicia que las diversas capacidades cerebrales (sensorial, motora, emocional, analítica, etc.) se asocien funcionalmente para posibilitar el uso más coordinado y adaptativo de todos los recursos potenciales del cerebro (Wallin, 2012).

Poseer un modelo de funcionamiento seguro es la garantía de una buena autoestima: de confianza en uno/a mismo/a y también en los otros/as, y de una buena capacidad de relacionarse y mantener vínculos sanos con los demás. De ahí la necesidad de que el/la adulto/a esté disponible y sensibilizado/a para responder con prontitud a las señales que le pueda enviar el/la niño/a.

Teoría Polivagal

Según la teoría de la vinculación de Jonh Bowlby, los seres humanos creamos vínculos como una reacción natural de supervivencia. La búsqueda de proximidad es una estrategia de regulación afectiva innata en el/la niño/a cuya función es la protección ante las amenazas físicas y psicológicas y el alivio del malestar emocional. Si esta figura de referencia desaparece o no responde a las necesidades físicas y emocionales del/la niño/a, este/a reacciona con señales de protesta emocional intensa. Esta respuesta pasa por varios estadios o fases emocionales. La primera señal es la protesta, en la que el/la niño/a se aflige y busca el consuelo de los demás. Llorar, gritar, patalear tienen la función biológica de restablecer el vínculo. Si esto sucede, la sintomatología ansiosa desaparece, sino, aparecen la tristeza, la apatía, el aislamiento y la desesperanza. Finalmente, si sigue sin restablecerse el contacto, el niño/a llega a claudicar desvinculándose y de forma activa rechaza los posibles contactos posteriores con el cuidador (Payás, 2010).

Podríamos decir, en relación al apego, que los niños/as con apego seguro suelen mantenerse en la zona de activación óptima del margen de tolerancia. Sin embargo, los estilos de apego evitativos, ambivalentes y desorganizados reflejan un desarrollo deficitario de la regulación polivagal donde la persona se hace dependiente de la utilización de patrones de regulación emocional autonómicos más primitivos como los de huida/lucha/disociación/ cuando se relaciona con los demás. Un SNA sesgado hacia una respuesta dominada por la acción parasimpática de hipoactivación puede manifestarse por un estilo evitativo con un nivel bajo de expresividad emocional y miedo a la intimidad, mientras que una respuesta del SNA dominada por el simpático como ocurre en los estilos de apego ansiosos o ambivalentes, se caracteriza por la dependencia e irritabilidad así como por la conducta tendente a la actuación, la hostilidad, la impulsividad, los miedos de abandono y por una dificultad para recuperarse desde niveles de tensión emocional altos. Finalmente, los que muestran un apego desorganizado oscilan entre la hiperactivación del SNS y la hipoactivación del SNP, sin un control claro.

Según Schore (1994) el aprendizaje de la regulación emocional y de los estados internos a través del vínculo interpersonal queda grabado en los estratos inferiores de nuestro cerebro como memorias procedimentales, aquellas formas de recordar de las que no somos conscientes registradas en nuestra corporalidad. En otras palabras, en este período crítico se consolidan no solo los esquemas de estar en relación sino también la capacidad para regularse emocionalmente.

Como es evidente, la repetición de situaciones y de resoluciones va teniendo un efecto de estructuración. La forma de solventar las situaciones de estrés se repite y acaba produciendo una configuración del cerebro determinada.

Estos aprendizajes básicos quedan como huellas experienciales somatosensoriales que impregnarán y condicionarán nuestros modos de ser y estar en el mundo en adelante; y lo harán de una manera automática, sin nuestra participación consciente en la decisión.

Las huellas profundas y tempranas de nuestra historia deben ser visibles a los ojos del/la terapeuta en la manifestación de las conductas procedimentales, implícitas, como por ejemplo, los esquemas de estar en relación con el otro y las reacciones de supervivencia ante la percepción de una amenaza según su sistema de significados.

JUSTIFICACIÓN DE UNA PSICOTERAPIA ORIENTADA DESDE LA PERSONALIDAD

Las dificultades que traen los/as pacientes a la terapia suelen conllevar capacidades no integradas o infradesarrolladas para sentir, pensar y relacionarse con los/as demás y consigo mismos/as de modos funcionales. Los/as niños/as integrarán solo lo que sus vínculos de apego puedan acomodar excluyendo de la consciencia aquellos pensamientos, sentimientos y comportamientos que producen disrupción y dolor emocional. Las experiencias que no pueden acomodarse se relegan a los límites de la consciencia, donde permanecen como partes indeseadas, disociadas o negadas del self. De esta manera, la historia de cada individuo está grabada en su cuerpo.

Esta memoria implícita que ha sido adaptativa para el individuo en su contexto vincular, a menudo permanece oculta dentro de su funcionamiento global siendo egosintónica. Lo que sabemos pero no pensamos o no podemos pensar es también algo de lo que no podemos hablar, y este conocimiento no verbalizado es enormemente influyente en nuestra constitución del self, nuestra regulación emocional y nuestros patrones relacionales. De ahí la necesidad de escuchar lo que se comunica de forma no verbal si queremos acceder a las experiencias de los apegos iniciales para integrar lo que se ha disociado o excluido con fines defensivos. Es en la experiencia inicialmente inarticulada, fundamentalmente emocional y relacional, donde encontramos mayores impulsos para el cambio terapéutico.

Para ayudar a los pacientes a acceder a los múltiples niveles de la experiencia, en lugar de representar la versión unidimensional donde los mantiene atrapados su credulidad autoprotectora/autodestructiva, tenemos que sintonizar con el ámbito no verbal. La psicoterapia pretende identificar los esquemas implícitos y procedimentales que la persona tiene a través de la observación de su forma de relacionarse, su narrativa, su experiencia corporal y sus manifestaciones fisiológicas de defensa y supervivencia.

Como comentamos a lo largo de este post, los/as niños/as necesitan interacciones intersubjetivas y reguladoras del afecto en las que lleguen a conocerse a la vez que son conocidos/as por el/la otro/a y lo mismo ocurre con los/as pacientes en el proceso psicoterapéútico. La interacción receptiva y sensible que sintoniza adecuadamente posibilita el desarrollo de un yo reflexivo que “piensa el sentimiento” y “siente el pensamiento” (Wallin, 2012).

Desde una perspectiva neurobiológica, al igual que sucede en el/la niño/a, cuando ayudamos al paciente a “estar y observar” su experiencia, éste activa el área del córtex prefrontal donde reside la capacidad de la mente de observarse a sí misma. Observar y conocer la experiencia que fue interrumpida y organizada para sobrevivir y adaptarse permite que esta pueda integrarse de manera que ahora pueda expresar su significado pleno para re-consolidarse con un nuevo significado. En este “estar presente en la propia experiencia” se contraviene la disociación y se promueve la integración.

Por tanto, el/la psicoterapeuta cumple el papel de córtex auxiliar externo ayudando a identificar, sostener y regular el mundo interno del individuo a través de la relación interpersonal. De esta manera, el cerebro puede enfrentarse a los nuevos retos de aprendizaje y asimilar lo nuevo acomodándolo en sus esquemas previos, esto es madurando y haciéndose resiliente (Ogden & Minton, 2001).

Para lograr esto, el/la psicoterapeuta debe ser capaz de mentalizar, es decir, de captar intuitivamente los estados mentales que subyacen a la experiencia actual de los pacientes. Se trata de una mentalización implícita que nos permite acceder y responder sintónicamente, en el aquí y en el ahora, a la experiencia para la cual los/as pacientes no tienen palabras. Y una vez hayamos accedido a esta experiencia tácita que ha sido disociada o negada, debemos ser capaces de reflexionar, junto con el/la paciente sobre ella a fin de ampliar su integración. Esto requiere una mentalización explícita que utiliza el lenguaje para que los/as pacientes expliquen su experiencia situándola en el contexto del pasado vivido y el futuro previsto, así como en el momento presente. Un/a terapeuta mentalizador/a impulsa la capacidad del paciente de mentalizar, facilitando que este/a module y regule la rigidez cognitivo-afectiva de sus rasgos de personalidad que están en la base de sus problemas.

La terapia puede constituir la primera ocasión en la que el individuo llegue a encontrarse con la mente de otra persona enfocada hacia él de forma interesada, sin juicios, comprensiva, empática y cuidadosa ayudándole a comprender lo que le ocurre en términos de desarrollo de una mente que ha sido orientada hacia estrategias vitales de seguridad con un sentido del yo configurado por esas vivencias.

Artículo realizado por:

Nidia Martínez del Castañedo

Especialista en Psicoterapia Integrada de los Trastornos de la Personalidad por la Universidad de Deusto.

Clínica de Psicoterapia y Personalidad Persum

BIBLIOGRAFÍA

Bowlby, J. (1968b). Security and anxiety. In The Formative Years. London: BBC Publications.

Gilbert, P. (2015). Terapia Centrada en la compasión. Características distintivas, Bilbao: Desclée de Brouwer.

LeDoux JE. (1996) The Emotional Brain. New York: Simon and Schuster.

Ogden, P & Minton, K. (2001) Sensorimotor Processing for Trauma Recovery. Psychotherapy in Australia, Vol 7, No 3: 42-46.

Panksepp, J. (1998). Affective neuroscience: The foundations of human and animal emotions. New York: Oxford University Press.

Payás, A. (2010). Las tareas del duelo. Psicoterapia de duelo desde un modelo integrativo-relaciónal, Barcelona: Paidós.

Porges S. W. (2001) The polyvagal theory: phylogenetic substrates of a social nervous system. International Journal of Psychophysiology.

Siegel, D. (2010). La mente en desarrollo. Cómo interactúan las relaciones y el cerebro para modelar nuestro ser, Bilbao: Desclée de Brouwer.

Siegel,D. & Hartzell,M (2014). Ser padres conscientes, Barcelona: La llave.

Schore, A. N. (1994). Affect regulation and the origin of the self: The neurobiology of emotional development. Hillsdale, NJ: Lawrence Erlbaum.

Schore, A. N. (2000). Effects of a secure attachment relationship on right brain development, affect regulation and infant mental health. Infant Mental Health Journal, 22, 7-66.

Wallin, D. (2012). El apego en Psicoterapia, Bilbao: Desclée de Brouwer.

Winnicott, D. W. (1964) The Child the Family and the Outside World (London: Pelican Books)

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