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Andrés Calvo y Esther Blanco, directores de la Clínica Persum son entrevistados por el periódico ABC coincidiendo con el Aniversario del Madrid Arena en relación al duelo tras la muerte de un hijo

Publicado el 01/11/2013
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Por Esther Blanco , última actualización el 08/07/2019
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Hoy día 1 de Noviembre, coincidiendo con el Aniversario del fallecimiento de las 5 jóvenes en el Madrid Arena, el periódico ABC entrevista a la Clínica Persum para conocer «Cómo sobrevivir a la muerte de un hijo».

Según Andrés Calvo y Esther Blanco, de la Clínica de Psicoterapia y Personalidad Persum la pareja se apoya básicamente en tres pilares fundamentales: la intimidad, el compromiso y la pasión. Si estos tres pilares estaban bien construidos antes del fallecimiento del niño ayudarán a superar y a aceptar la pérdida e, incluso, esta superación les podrá unir más. «Desgraciadamente estos tres pilares en muchas ocasiones no están bien construidos por lo que el enorme peso que conlleva la pérdida de un hijo no es soportado por la estructura de la pareja llevando incluso a la separación». Ante un hecho tan dramático, estos dos especialistas recomiendan que se haga un estudio de su estabilidad como pareja y de sus personalidades. Esto servirá como predictor de cómo les va a afectar la pérdida y de si les va a unir o separar.

El trato a los hermanos, según su edad Andrés Calvo y Esther Blanco, de la Clínica de Psicoterapia y Personalidad Persum añaden que, dependiendo del momento evolutivo en el que los hermanos se encuentren, habrá que actuar de una manera u otra:

-De los 0 a 2 años: la muerte no tiene significado. El bebé sin embargo percibe los cambios que ocurren a su alrededor en su familia y sobre todo los emocionales. Es necesario tener en cuenta que si la persona fallecida es una figura de vínculo importante para el bebé (por ejemplo su madre) su puente con el mundo que le ayudaba a regularse emocionalmente y a empezar a comprender la realidad ha desaparecido bruscamente. Esto puede tener consecuencias graves en la formación y validación de la personalidad del futuro niño que serán visibles en edades más avanzadas pudiendo presentar patologías graves.

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-Entre los 3 y 6 años: la muerte es un proceso reversible y no tiene un carácter universal. Las personas queridas no mueren y ellos mismos tampoco.

-Entre los 6 y los 10 años: la muerte es algo definitivo que puede desencadenar en el niño una preocupación excesiva para que a él no le ocurra ni a sus seres queridos. Este intento de que no ocurra puede hacer que en el niño surjan «conductas de seguridad» o intentos de evitar que este peligro ocurra como, por ejemplo, el desarrollo de un Trastorno Obsesivo-compulsivo (TOC): «compruebo obsesivamente y con un ritual que los peligros potenciales como las llaves de gas, puertas cerradas por la noche, aparatos que se queden encendidos y puedan incendiar la casa estén apagados o cerrados». En esta edad es conveniente ayudar al niño a verbalizar lo que siente, explicarle la función de los rituales religiosos ante la muerte de un ser querido que SI es capaz de comprender e incluso realizar ceremoniosamente una «despedida» del ser querido.

Para acceder al artículo completo:

Cómo sobrevivir a la muerte de un hijo

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