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Tristeza, qué es y cómo afrontarla

Publicado el 06/05/2020
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Por Esther Blanco , última actualización el 06/05/2020
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Aunque existen muchas clasificaciones de las emociones, todas o la gran mayoría toman como referencia a la dimensión positiva-negativa o agradable-desagradable para hacer una distinción. Dentro de esta premisa, podemos definir a la tristeza como la emoción básica más aversiva y negativa de las que conocemos.

La tristeza es el resultado fundamentalmente de experiencias de separación y/o fracaso o situaciones adversas para las que nos resulta difícil la superación.

¿Qué significa estar triste?

Estar triste en algunos momentos de nuestra vida es tan normal como adaptativo. Significa que algo de lo que nos rodea o importa, ha cambiado (o desaparecido) al punto que nos aflige una sensación tan aversiva que puede motivarnos incluso a iniciar conductas necesarias para aliviarla.

Causas de la tristeza

Existen varias causas por las que normalmente sentimos tristeza: la vivencia de una pérdida (de alguna persona, objeto u objetivo al que otorgamos valor) o la concurrencia de alguna situación adversa.

Como el resto de emociones, la intensidad y forma en la que la tristeza es percibida y vivida dependerá de varios factores determinantes que desarrollaremos posteriormente.

Sentimientos tristes, ¿cómo son?

Al tratarse de una respuesta ante una situación que se percibe como no deseada, los sentimientos que experimentamos llevan consigo el mismo cariz negativo.

Son sensaciones que a veces podemos definir con el término “abatimiento”, otras como “ganas de llorar”, en ocasiones se identificarán como “baja autoestima”, otras tantas como un conjunto de todas…
En resumidas cuentas, se tratarán de sentimientos que nos empujarán a la búsqueda de soluciones para hacerlos desaparecer (siempre que eso sea posible).

¿Es normal estar triste?

Sí. La tristeza forma parte del abanico de emociones que constituyen al ser humano y, en consecuencia, sentir tristeza ante situaciones que evaluamos como negativas no solo es lo normal sino que también es adaptativo.

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Estoy triste y no sé por qué. ¿Es posible?

Aunque existen causas externas de las que a priori podemos no ser conscientes, como la época del año por ejemplo, son fundamentalmente motivos emocionales a los que no estamos prestando la suficiente atención los causantes de esta tristeza con origen desconocido. El actual ritmo de vida que llevamos no nos deja mucho tiempo quizás para la reflexión y el autoconocimiento, pero si estamos ante este tipo de vivencias es importante
dedicar un tiempo para pensar en nosotros y descubrir qué hay detrás de esa tristeza:culpabilidad, estrés, frustración…

Se conoce con el término de «mentalización» la capacidad de ser conscientes de qué es aquello que sentimos y pensamos, y que en ocasiones no nos es fácil identificar. Podemos no tener claro el motivo por el cuál sentimos tristeza. Pareciese que nada a nuestro alrededor fundamenta o justifica nuestro estado emocional de tristeza. Sin embargo, en ocasiones, el motivo último nos está oculto por tratarse de alguna forma de sentir o pensar que no es «mentalizada» o no nos  es accesible. Se trataría de una forma de ser egosintónica, en sintonía con nosotros mismos. No nos damos cuenta de qué es aquello que sentimos/pensamos sobre el acontecer de nuestro día a día que nos hace experimentar la tristeza.

Persona triste o personalidad depresiva

Es importante tener clara esta distinción, puesto que entender estas diferencias será la clave para ayudarnos a evaluar si es el momento de pedir ayuda profesional. Cuando hablamos de una persona triste hacemos referencia a alguien que está sintiendo las emociones propias y congruentes a la situación personal que está atravesando.

Sin embargo, existen personas con una visión más pesimista. No se trata de estar triste sino de tener una personalidad depresiva.  Si bien es cierto que no se trata de un diagnóstico clínico al uso (en el actual DSM-5),  la personalidad depresiva ha sido ampliamente estudiada en la literatura científica por autores sumamente conocidos como Kraepelin, Millon o Beck.

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Las personalidades depresivas, además de una visión pesimista de la vida y el mundo en general, se caracterizan por las preocupaciones constantes, baja autoestima, carencia de sentido del humor, incapacidad de disfrutar o sentir placer, sentimientos de culpa, remordimiento , irritabilidad y visión excesivamente crítica del mundo.

Estos comportamientos y cogniciones (personalidad depresiva), mantenidos a lo largo del tiempo, son los que pueden cristalizar en una distimia o en un Trastorno Depresivo Mayor.

Tristeza profunda o depresión mayor

El diagnóstico diferencial de la tristeza y  la Depresión Mayor es una base fundamental a la hora de establecer un tratamiento eficaz.

Cuando estamos ante un episodio de tristeza profunda será la duración del mismo lo que nos dará las pistas de que se trata de algo eventual que no tiene por qué derivar en un Trastorno Depresivo Mayor. De igual modo, debemos tener en cuenta que si este estado de tristeza profunda persiste durante 2 o más semanas, está acompañado de otros síntomas e interfiere de forma marcada con nuestra vida cotidiana, es momento de buscar ayuda profesional puesto que será más fácil de gestionar cuanto más precoz sea la intervención.

¿Qué factores determinan la intensidad de la tristeza?

La variabilidad entre personas es amplísima y, por tanto, el modo en el que la tristeza pueda afectarnos y la intensidad de la misma es prácticamente imposible de predecir. Lo que sí es cierto es que este grado de afectación está en todos los casos en base a tres factores fundamentalmente:

1. Cuáles son los patrones de personalidad de cada uno/a: perfiles con bajas puntuaciones de neuroticismo, por ejemplo, presentarán una menor probabilidad de sentirse tristes ante una situación que otros con puntuaciones más altas en esta escala.
2. El entorno sociocultural y los recursos (físicos y humanos) que éste pueda aportar al individuo.
3. Los esquemas cognitivos que estructuran la realidad particular de cada sujeto. Contar con unos esquemas flexibles en los que seamos capaces de encajar y regular los momentos de tristeza nos lo hará más fácil. Las emociones, a veces, traen consigo unos sesgos cognitivos que pueden provocar errores en los procesos de pensamiento que no harán sino dificultar nuestro retorno a un estado eutímico.

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Cómo combatir la tristeza. Qué hacer cuando estás triste

La tristeza es una emoción básica y necesaria para la supervivencia al igual que el miedo u otras emociones “negativas”.

Combatir la tristeza en aquellos momentos en los que no es más que la respuesta lógica a la situación que estamos viviendo es tan absurdo como combatir la felicidad, otra emoción básica y adaptativa.

Ahora bien, la aflicción que sentimos cuando estamos tristes puede llegar a ser tan aversiva y desagradable que necesitamos métodos de afrontamiento para poder vivirla de la mejor manera posible.

Lo primero a tener en cuenta es la importancia de ser conscientes de lo que sentimos y pensamos. Son los pensamientos y recuerdos sobre un hecho concreto lo que normalmente nos lleva a prolongar en el tiempo esas malas sensaciones que nos provoca la tristeza.

Por tanto, no debemos perder el foco de que nuestros pensamientos no son más que eso: ideas, productos de nuestra mente que en algunos casos no tienen por qué ser ciertos.

Un recurso eficaz y relativamente sencillo a la vez que denostado, es buscar actividades y tareas que nos mantengan ocupados, hablar con nuestros amigos y seres queridos de lo que nos tiene tristes, estrechar relaciones interpersonales, no sentirnos culpables por no estar bien todo el tiempo (porque eso es algo imposible). Si la situación se torna difícil de gestionar, siempre tenemos la opción de pedir ayuda profesional. Algo que te hará seguir más fuerte y con más herramientas después de esa dura situación que te llevó hasta allí.

Referencias

  • Aguado L. (2005): Emoción, afecto y motivación. Un enfoque de procesos. Alianza Editorial. Madrid.
  • Caballo V, Salazar I y Carrobles, JA (2011). Manual de psicopatología y trastornos psicológicos. Pirámide. Madrid.
  • Reeve J. (2010): Motivación y emoción. 5ª Edición. McGraw-Hill/Interamericana. México.
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