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Artículo en La Nueva España: Suicidio, un drama del que poco se habla

Publicado el 11/09/2019
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Por Esther Blanco , última actualización el 11/09/2019
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El día 10 de Septiembre de 2019, la Clínica Persum participa con un artículo de opinión en La Nueva España, edición impresa, en el Día Mundial para la Prevención del Suicidio.

«Un drama del que poco se habla». Ante el Día Mundial para la Prevención del Suicidio, la primera causa de muerte no natural en España.

Hoy, como cada 10 de septiembre, se celebra el Día Mundial para la Prevención del Suicidio. El suicidio es la primera causa de fallecimiento no natural en España y el número de víctimas triplica al de accidentes de tráfico, 3.700 personas se suicidaron en España el año pasado frente a los 1.180  fallecidos por accidente de tráfico. La OMS reconoce que el suicidio es el mayor problema de salud pública de Europa. Detrás de cada suicidio hay un drama del que poco se habla.

 

A pesar de su gravedad el suicidio no tiene visibilidad, es una realidad silenciada con poca repercusión mediática, algo que no ocurre con otras causas de muerte como la violencia de género o los accidentes de tráfico. Las causas de esta invisibilidad son principalmente dos: el miedo a un efecto contagio y la incomprensión de la propia conducta suicida considerada como un estigma social. Algo muy parecido ocurría con el SIDA en los años 80.

 

La invisibilidad del suicidio impide su prevención, no podemos prevenir lo desconocido. Es necesaria una labor de divulgación que con ayuda de los medios de comunicación haga llegar a la sociedad la existencia del suicidio como fenómeno grave de salud de primera magnitud que aumenta un 3% cada año respecto al año anterior.

 

Sin embargo a la hora de dar visibilidad al  suicidio debemos ser precavidos. Recordemos la serie estadounidense  «13 Reasons Why» (Por Trece Razones) que narra la historia de una adolescente que se suicida y en la que ella misma explica las 13 razones que le han hecho acabar con su vida. Después de la emisión de su primera temporada en el2017, ya se ha estrenado la tercera, se produjo un aumento del 29% en suicidios de adolescentes estadounidenses entre los 10 y los 17 años. La información sobre el suicidio no debe ser un acto publicitario sensacionalista y efímero que corra a la velocidad de pantalla de las redes sociales. La información que cala en el substrato es la que hace reflexionar y no apela a la necesidad de reconocimiento de la persona. Así evitamos el efecto contagio o mimetismo de las conductas suicidas.

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El sociólogo Durkheim relacionaba el suicidio con la anomía social e incluso definía a ciertas sociedades por su tendencia al suicidio como sociedades suicidógenas. El suicidio anómico es fruto de sociedades carentes de reglas o poseedoras de reglas contradictorias, sociedades carentes de dirección y generadoras de inseguridad por falta de valores. La carencia de identidad o alienación que vemos en las sociedades industrializadas fomenta la desconexión, el individualismo, el aislamiento y el suicidio. De nuevo la crisis de valores está detrás de otro grave problema social.

 

Las causas del suicidio son múltiples y pocas veces el suicidio se puede explicar atendiendo a un solo motivo.  En un amplio porcentaje las personas suicidas padecen un trastorno mental como la depresión mayor, los trastornos de la personalidad o la esquizofrenia. En el ámbito clínico se observa que el paciente suicida tiene ideas distorsionadas sobre la propia realidad del suicidio. El paciente suele ver el suicidio como una forma rápida de acabar con su sufrimiento pensando incluso que su desaparición puede ser una liberación para su entorno familiar. Esta distorsión de la realidad viene dada por una situación de desesperación donde no es capaz de ver otras alternativas. En ocasiones el propio paciente suicida tiene conductas que pueden predecir el suicidio tales como amenazas, el aislamiento, intentos previos de suicidio, el abuso de drogas y alcohol o las autolesiones. Estas señales pueden llevar a detectar una situación de riesgo que el ojo entrenado puede interpretar correctamente ayudando a prevenir el suicidio.

 

Para los familiares supervivientes el suicidio es algo incomprensible que les impide incluso darse cuenta de las señales de aviso previas al suicidio. El familiar en ocasiones tiene que vivir con una sensación de culpa y de vergüenza pensando en qué más podría haber hecho para evitar el suicidio y dolorosa pérdida del ser querido. Estas graves secuelas emocionales acompañan, en muchos casos, de por vida a los afectados. El familiar superviviente necesita entender los motivos del suicidio para poder paliar su drama y continuar viviendo. El tratamiento psicológico se hace necesario para reconstruir lo ocurrido ya que el suicidio es un fenómeno complejo en el que intervienen múltiples factores psicológicos, psicológicos, sociales y ambientales. Para la psicología el suicidio es el resultado de la interacción de la personalidad del individuo con los factores ambientales.

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Los rasgos de personalidad son factores determinantes en la conducta suicida. La personalidad está definida por las diferencias y similitudes que pueden ser medidas y observadas constituyendo tipologías, estilos y aptitudes estables. La personalidad caracteriza la forma con la que nos relacionamos, cómo pensamos y cómo sentimos. Se sabe que personalidades egocéntricas, impulsivas, con problemas de identidad y una baja integración social presentan una suicidabilidad alta. Dos tercios de las personas con tentativas de suicidio presentan un trastorno de personalidad como el narcisismo o el trastorno límite. Incluso la presencia de un trastorno de la personalidad es más determinante que la depresión a la hora de predecir el suicidio.

 

Numerosos estudios destacan la importancia de la intervención psicoterapéutica especializada sobre la ideación, la tentativa o el intento autolítico. Estas intervenciones son un factor de protección que disminuye en gran medida la probabilidad de suicidio. Sumamente importante es también que el propio especialista que trate al paciente suicida sea supervisado clínicamente por otro especialista supervisor experimentado que oriente y redirija el tratamiento cuando sea necesario.

 

Es necesario que el suicidio exista para poder reconocerlo, entenderlo y prevenirlo.

Prevenir el suicidio es concienciar a la sociedad con información de calidad que es un problema de todos. Una formación específica que ayudase a identificar al suicida orientada a los profesionales que tengan contacto con personas con ideación suicida como psicólogos, psiquiatras, médicos de atención primaria, enfermeros o las fuerzas de seguridad del estado sería un paso importante a la hora de crear una red centinela que sirviese de observatorio e identificación temprana y prevención permanente del suicidio. De esta forma se podría ofrecer un cuidado eficaz a las personas que estén en riesgo. Muchas personas que consuman el suicidio habían visitado recientemente a un especialista.

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En países como en Alemania existe la ley del suicidio que regula desde el año 2015 la participación, la incitación y el socorro al suicidio. Esta ley regula el deber de garantía de las personas que rodean al suicida, tanto allegados como el personal cualificado. Define concretamente cómo debe ser la actuación de la ayuda al suicida y las consecuencias legales de no hacerlo de acuerdo a esta ley. En España aún no existe una Ley Nacional de Prevención del Suicidio aunque sí existen iniciativas de algunas Comunidades Autónomas que desarrollan planes de salud mental encaminadas a la prevención. Sin duda, un marco legal adecuado, una mayor información y divulgación sobre el suicidio que borre el estigma y tabú asociados a él y una mejor formación de los profesionales sanitarios  ayudarían a una prevención eficaz encaminada a disminuir este grave problema de salud pública.

 

 

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