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«La responsabilidad de padres y madres en las conductas de sus hijos». Entrevista de La Nueva España a Esther Blanco y Andrés Calvo, directores de la Clínica Persum

Publicado el 24/04/2015
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Por Esther Blanco , última actualización el 08/07/2019
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En este artículo de opinión nos gustaría hacer llegar a todos una reflexión sobre la forma en la que estamos educando emocionalmente a nuestros hijos. Esperamos sea de su agrado y alcance su fin último: mejorar la salud mental de las generaciones venideras.

A propósito del reciente y trágico suceso ocurrido en un instituto de Barcelona, donde un niño comete un terrible homicidio, el periódico La Nueva España, entrevista a Esther Blanco García y Andrés Calvo Kalch, directores de la Clínica Persum.

LA RESPONSABILIDAD DE PADRES Y MADRES EN LA CONDUCTA DE SUS HIJOS

Hay comportamientos del ser humano que nos sorprenden, nos llenan de dudas y nos inquietan. Esta semana asistimos a uno de ellos: un niño armado con un machete y una ballesta mata a un profesor  y provoca heridas a otras cuatro personas.

Psicólogos y psiquiatras nos lanzamos ávidos a intentar esclarecer cuál es el diagnóstico, buscar un por qué, aportar luz con nuestros conocimientos. Pero quizás sea hora de que los profesionales de la salud mental promovamos  una reflexión más amplia que nos salpique a todos, a la sociedad en general y a los que somos padres/madres en particular.

¿Qué estamos enseñando a nuestros hijos? ¿somos los padres conscientes de nuestras propias emociones  en las relaciones con nuestros hijos?¿cómo les estamos enseñando a sentirse y a conducirse en la vida?

Las investigaciones en torno al desarrollo infantil y los últimos descubrimientos de la neurobiología apuntan a la tesis de que un niño viene a este mundo con un cerebro que está por desarrollar, un cerebro plástico sobre el que los padres reescribimos. Hoy conocemos que la relación padre/madre  con sus hijos tienen el poder para condicionar su desarrollo cerebral.

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Nuestra sociedad se caracteriza por la búsqueda de soluciones rápidas  y superficiales a los problemas; cargamos de responsabilidades que no les corresponden a los profesores, les pedimos que eduquen a nuestros hijos. Pensamos en aumentar el control policial en las escuelas e incrementar la presencia de psicólogos y pedagogos en los centros educativos.

Sin embargo, creemos que es momento para que la reflexión recaiga en todos nosotros, padres y madres sobre los que descansa la responsabilidad de la educación, la educación emocional.

Somos nosotros, los adultos,  los padres y madres los responsables de las conductas de nuestros hijos. Los encargados de propiciar vínculos seguros con éstos. Es nuestras forma de sentir en la relación con los hijos la explicación de sus  propios sentimientos: sus odios, rencores, miedos, inseguridades y cómo no también la capacidad para que éstos puedan sentir amor, empatía, solidaridad y flexibilidad.  Somos los responsables de unos y otros.

Hemos de pararnos a reflexionar con la finalidad de llegar a ser más conscientes de nosotros mismos puesto que tenemos la gran responsabilidad de ser los artífices de la personalidad de nuestros hijos, de su desarrollo cerebral; reflexionar sobre nuestras propias emociones porque son éstas las que ponemos en la relación con ellos y constituye su Ser.

Los niños, para su desarrollo óptimo necesitan de nosotros: nuestro respeto, nuestra validación, aceptación incondicional, escucha, comprensión y compasión. Necesitan una conexión emocional con sus progenitores y éstos han de ser capaces de percibir  sus estados emocionales. Sobre ésta se asienta el pensamiento reflexivo y racional que les brindará la posibilidad de reflexionar  y sopesar las diferentes alternativas para sus acciones. La falta de esta validación emocional es la antesala de los futuros trastornos mentales.

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La columna vertebral de la educación emocional recae sobre la capacidad de los progenitores para  conseguir que su hijo logre Sentirse Sentido, validado, en la relación con ellos. Parece fácil pero: ¿Se reconoce usted  en esta afirmación cuando se acerca a su hijo tras haber asistido a alguno de los comportamientos que reprueba en él?:

“Hijo: debes sentirte muy mal para haber hecho  algo así. Me gustaría poder ayudarte”.

Quizás no lo estemos haciendo tan bien.

Esther Blanco García y Andrés Calvo Kalch

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