Podemos entender el amor (Sternberg, R.J, 1988) como un triángulo en el que cada vértice es un ingrediente necesario para el buen funcionamiento de una relación.
El triángulo que representa el amor ha de ser equilátero, es decir, todos sus lados han de ser iguales. Los tres componentes son de igual importancia. Necesitamos un componente de INTIMIDAD que nos permita acercarnos cada vez más al otro, una PASIÓN que nos permita disfrutar de una cercanía emocional y física. Y todo ello unido mediante un firme COMPROMISO.
Es imprescindible si deseamos vivir en pareja, saber cómo se desarrollan cada uno de estos tres componentes.
Si anhelamos una relación pero cuando ésta comienza tenemos la sensación de no estar vinculándonos cada vez más a ella, de no estar conociéndonos día a día un poco más, sino que el tiempo pasa y seguimos siendo dos desconocidos, fallamos a la hora de Intimar. Tal vez el problema lo encontremos si no somos capaces a desear la cercanía del otro, una cercanía emocional que cada vez nos aproxima más físicamente. O tenemos la sensación de no estar comprometidos y poder salir fácilmente de la relación.
El resultado es siempre el mismo: no alcanzamos a disfrutar de una relación de pareja o bien no la mantenemos a nuestro lado. DEBEMOS LLEGAR A CONOCER LOS MOTIVOS QUE NOS LO IMPIDEN.
Si establecemos una relación basada únicamente en la intimidad nuestra relación será de AMISTAD pero no experimentaremos pasión por esa persona ni deseos de establecer un futuro con ella.
Si lo que sentimos es un fuerte deseo hacia una persona, nuestra relación será un mero CAPRICHO.
Si el compromiso de seguir en una relación no va acompañado del resto de factores será un AMOR VACÍO.
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