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Psicología infantil

La regulación de las emociones. Enseñarle a saber manejar sus emociones

Publicado el 05/06/2018.
Por Administrador , última actualización el 24/03/2019
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Regularse emocionalmente significa evaluar y modificar las reacciones emocionales, especialmente su intensidad y su mantenimiento en el tiempo, con la finalidad de atender a determinados objetivos.

No se trata de eliminar el malestar que nos ocasiona un acontecimiento determinado, sino saber manejar dicha emoción para que no sea tan intensa y duradera  y así nos permita manejar adecuadamente nuestros comportamientos.

La regulación de las emociones negativas tiene implicaciones importantes para el funcionamiento social de las personas.
Pongamos por ejemplo que un compañero de trabajo nos critica un proyecto que no hemos hecho adecuadamente. En ese momento podemos enfadarnos de una forma muy intensa. Dicha emoción impide que podamos resolver los problemas que tenemos con los demás, simplemente dejaríamos de hablarle. En el caso de saber manejar adecuadamente la emoción que nos produce la crítica y mantener nuestro enfado en un nivel menos intenso, no nos sentiríamos tan desbordados.

Hay niños más reactivos que otros y que experimentan más emociones negativas que otros, por ejemplo desde muy pequeños observamos cómo hay niños con una mayor tendencia a experimentar ansiedad o enfado que otros.

El hecho de que un niño sea altamente reactivo puede hacer que necesite más la asistencia de sus cuidadores para que le ayuden a saber regularse emocionalmente. Los niños más reactivos emocionalmente tienen estrategias de autorregulación emocional menos eficaces. Su temperamento afecta a la intensidad de la emoción y por consiguiente a la estrategia de autorregulación menos eficiente. Por ejemplo los niños más miedosos tienen reacciones más intensas y recurren a estrategias más pasivas y dependientes. La disponibilidad del adulto para enseñarle estrategias más autonomas y sofisticadas ayuda al niño a controlar más eficazmente su miedo.

Por ejemplo, un niño puede ser más miedoso que otro y llama a su madre cada noche para que la presencia de su madre le calme. Su madre puede acude a consolarle pero ha de enseñarle estrategias para que el niño sepa manejar su miedo (por ejemplo enseñarle a distraerse con sus juguetes o distrayendo su atención), puesto que de no ser así, el niño dependerá (usará estrategias dependientes como esperar que su madre le atienda física o verbalmente) para calmarse.

Es importante tener en cuenta el temperamento del niño para ajustar como padres las estrategias de enseñar la regulación de las emociones. Cuando las madres participan activamente enseñando al niño el manejo de sus emociones, estos aprendes estrategias de autorregulación emocional más sofisticadas. La inducción parental  en edades posteriores, incluso en la adolescencia aumenta en el niño su sensación de competencia y el rendimiento académico.

El uso de estrategias autónomas se asocia con una menor intensidad del malestar en niños. No se trata, y esto es muy importante, de suprimir las emociones negativas del niño, sino ser capaz de ajustar y alterar de forma flexible su estado emocional.

Los dos primeros años de vida suponen un punto clave para el aprendizaje y el paso de unas estrategias más rudimentarias de control emocional a unas más autónomas fruto de desarrollo de mecanismos cognitivos, atencionales y lingüísticos necesarios para la capacidad de regulación emocional.

El niño, gracias a la ayuda de su madre, puede aprender a utilizar estrategias más activas en presencia o en ausencia de esta. Son los padres los que han de adaptarse a las respuestas emocionales del niño, sean estas muchas o pocas, para poner en marcha estrategias adecuadas para enseñarle a regularse emocionalmente.

Un niño que no aprende a regularse emocionalmente de una forma adecuada, con el paso de los años irá aprendiendo de una forma disfuncional.

 

Bibliografía:

  • Geissmann, C. y Houzel, D. (2008). Psicoterapias del niño y del adolescente. Madrid: Editorial Síntesis.
  • González Vara, Y. (2011). Amar sin miedo a malcriar. La mirada a la infancia desde el respeto, el vínculo y la empatía. Barcelona: RBA Libros.
  • Kernberg, P., S. Weiner, A. y K. Bardenstein, K. (2000). Trastornos de personalidad en niños y adolescentes. México: El Manual Moderno.
  • Marrone, M. (2001). La teoría del apego. Un enfoque actual. Madrid: Editorial Psimática.
  • Siegel, D. J. y Hartzell, M. (2012). Ser padres conscientes. Barcelona: Ediciones La Llave.
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