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CONSEJO PARA LOS FAMILIARES DE UNA PERSONA CON TRASTORNO DE LA PERSONALIDAD (TP)

Los trastornos de la personalidad son formas particulares de ver el mundo y de relacionarse con los demás. Por este motivo los familiares de una persona con un trastorno de la personalidad se ven también afectados.

Las personas que están cerca de alguien que padece un trastorno de la personalidad, necesitan información sobre qué hacer, cómo comportarse  y cómo ayudar a alguien que padece un TP.

 Un familiar, generalmente reacciona incorrectamente de tres maneras:

  1. Se deja manipular por la persona con trastorno de la personalidad, con lo cual estabiliza y refuerza el sistema patológico del TP, convirtiéndose en un co-trastorno de la personalidad. Por lo general no suelen reconocer que su comportamiento es desfavorable para la persona con el trastorno de la personalidad y piensan que hacen algo bueno por ellos. Suelen tener un cierto temor a contradecirles ya que piensan que reaccionarán con enfados e incluso explosiones de ira.
  2. Critican continuamente  a la persona con TP, reforzando así las conductas patológicas del paciente con TP. Esto lleva a serias confrontaciones con continuas tensiones y conflictos.
  3. Dependiendo del enfado del familiar y de su capacidad de aguante, algunas veces se mostrará comprensivo y otras criticará a la persona con TP. Esto también completamente desfavorable e incluso consigue que la conducta patológica del TP se estabilice y se haga más resistente al cambio.

Lo adecuado es que un profesional experto les explique lo que hay detrás de estas conductas de una persona con TP, esto significa conocer que una persona con un trastorno de la personalidad piensa y actúa como le han enseñado y que no sabe actuar de otra forma. NO EXISTE DE FONDO MALA INTENCIÓN.

Es muy importante entender las reacciones de los familiares que tienen una gran influencia en las personas con TP y que estas reacciones pueden desfavorecer pero también favorecer a su familiar afectado. La comprensión exacta de cómo funcionan estos trastornos es imprescindible para la relacionarse con ellos y para no verles como personas malas o destructivas. Esto no significa que tenga que tolerar sus conductas sino una complementariedad hacia ellas donde se entiende el trastorno pero no se comparte el trastorno:

  1. Como familiar intente entender qué hay detrás de cada conducta particular del paciente con TP.
  2. Explíquele al familiar afectado por un trastorno de la personalidad las consecuencias que su conducta tiene para los demás y que además debe de evitar estas conductas y aprender a comportarse de forma alternativa. Siendo incluso estas conductas alternativas mejores para él.
  3. Aquí no hay culpables. Los TP son fruto de dinámicas y circunstancias vitales que influyen en la infancia generalmente.
  4. Sea empático (ponerse en el lugar de los demás), su familiar tiene un trastorno, una limitación psíquica que le incapacita para comportarse con normalidad. Sus peculiares conductas no las tiene “por capricho”, sino porque no sabe comportarse de otra forma.
  5. No se tome las conductas de su familiar como algo personal. Los enfados y conflictos NUNCA consiguen que el paciente “aprenda” a comportarse normalmente.
  6. BUSQUE EL CONSEJO DE UN EXPERTO QUE CONOZCA EN PROFUNDIDAD LOS TRASTORNOS DE LA PERSONALIDAD. Tenga en cuenta que los trastornos de la personalidad tienen una entidad clínica propia, constituyen un diagnóstico reconocido internacionalmente. Son una patología muy compleja y por tanto una limitación para el que los padece produciéndole síntomas generalmente depresivos y ansiosos que pueden tener un carácter muy grave.
  7. Los trastornos de la personalidad tiene  tratamiento, pero debido a su naturaleza distinta de otras enfermedades y patologías también requieren un tratamiento distinto y especializado. Aléjese de las soluciones fáciles. NUNCA un trastorno de la personalidad tiene una solución fácil.
  8. Tenga en cuenta que los trastornos de la personalidad suelen estar “escondidos” detrás de síntomas como la ansiedad, la depresión, problemas como el alcoholismo, la alimentación,  los problemas sexuales, y conflictos de pareja y laborales, entre otros.
  9. La complejidad de estos trastornos requiere unos conocimientos especializados que solamente un experto posee. Los tratamientos tanto psicológicos como farmacológicos que solo actúan sobre los síntomas son completamente superficiales dejando el verdadero problema sin resolver ya que no van a la raíz de estos síntomas.

Por ejemplo, el uso de tranquilizantes (ansiolíticos) hace que una persona se relaje mientras los toma. Pero de ninguna manera ese tratamiento farmacológico va a la raíz de sus comportamientos y pensamientos disfuncionales, verdadero origen de su problema. Por ello cuando deje de tratarse farmacológicamente volverá a sufrir los síntomas que padecía al principio. Además los tratamientos con tranquilizantes se caracterizan por tener efectos secundarios y en poco tiempo crean adicción y tolerancia. Con estos tratamientos sencillos lo que conseguimos al final es que los pacientes a la larga tengan dos problemas: un trastorno de la personalidad más una dependencia farmacológica innecesaria.

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