Sí. Cuando el miedo al rubor provoca una preocupación intensa, evitación de situaciones sociales o limitaciones importantes puede formar parte de un problema de ansiedad que conviene evaluar.
No siempre es posible ni necesario impedir el rubor. Cuando el problema es el miedo intenso a ponerse rojo, el tratamiento psicológico se dirige a reducir la ansiedad anticipatoria, la vergüenza, la autoobservación y la evitación, para que el rubor deje de condicionar las relaciones y las situaciones sociales.
En Clínica Persum evaluamos y tratamos problemas de ansiedad social y fobias en Oviedo, incluido el miedo intenso a ruborizarse cuando interfiere en la vida cotidiana.
La eritrofobia es el miedo intenso a ponerse rojo, ruborizarse o sonrojarse, especialmente en situaciones sociales en las que la persona teme que los demás noten el rubor y la juzguen negativamente. Puede aparecer asociada a problemas de ansiedad, especialmente ansiedad social, aunque es necesaria una evaluación individual para comprender qué mantiene el problema en cada persona.
La causa del rubor facial es un incremento de la afluencia de sangre a la zona facial. La eritrofobia por su parte está causada por el miedo a ruborizarse o al sonrojar.
La persona al ruborizarse se siente avergonzada y consecuentemente la ansiedad va en aumento generando mayor rubor facial.
A lo largo de nuestra vida cotidiana todos podemos sonrojarnos por diversas circunstancias; sin embargo no damos una evaluación negativa al hecho de ruborizar y ello permite diferenciar la rubefacción normal de la eritrofobia. Las personas que presentan eritrofobia dan un valor negativo al síntoma, lo valoran como algo malo.
El malestar generado por la eritrofobia es intenso, de tal forma que la persona evita situaciones sociales que pueden potenciar la sensación de rubor facial; este hecho hace que la eritrofobia sea muy frecuente dentro de la fobia social.
Con el tiempo la persona puede llegar a estar más pendiente de su rubor que de la situación externa y ello convierte a la persona en más sensible a la hora de discriminar las sensaciones faciales, hecho que hace que la persona se ruborice más.
El principal síntoma de la eritrofobia es el sonrojo facial en situaciones sociales que terminan en la evitación de todas aquellas situaciones en las que se teme el sonrojo.
Las situaciones temidas cada vez son un mayor número. Se teme el sonrojo cada vez en más situaciones que terminan por evitarse. Por ello, aunque un primer síntoma es el rubor facial, el gran síntoma final es la evitación de toda situación que pueda conllevar al sonrojar.
La principal consecuencia es la evitación por parte de la persona con eritrofobia de aquellas situaciones (generalmente de tipo social) que anticipa van a generar la aparición del rubor facial.
La evitación puede pasar por ser a través de conductas como maquillarse el rostro, dejar el pelo caer sobre la cara, abrigarse para que sea obvio el color rojo de la tez debido al calor, situarse en lugares cercanos a fuentes de calor, ocultarse tras gafas de sol, salir solo en días donde haya menos luz, acudir a locales solo si están en penumbra, no hablar en público, entre otras.
La evitación repetida de estas situaciones acaba derivando en aislamiento social de la persona, aislamiento del que puede ser difícil salir por uno mismo.
La eritrofobia se halla dentro de la fobia social o timidez extrema dado que como ocurre en la fobia social el sujeto se siente permanentemente observado; creyendo que debido a la rubefacción será juzgado de forma negativa por los demás. La vergüenza al sonrojo y su evitación pasan a ser el centro de la vida de las personas afectadas.
En la base de la fobia social y la eritrofobia no es infrecuente encontrar un patrón de personalidad conocido como personalidad evitadora que se caracteriza por inhibición social causada por profundos sentimientos de falta de adecuación y miedo al ridículo o al rechazo. Lo que más destaca de los evitadores es un sentimiento generalizado de desasosiego interno.
Como técnicas de tratamiento más frecuentemente citadas están:
– Reestructuración cognitiva para modificar pensamientos automáticos y creencias centrales que generalmente se presentan en forma de evaluación negativa sobre la rubefacción.
– Exposición con prevención de respuesta para reducir las conductas de evitación social. Se trata de que la persona con eritrofobia se exponga a situaciones sociales evitando que lleve a cabo comportamientos como taparse la cara. El objetivo último es que la persona sea capaz de tolerar la ansiedad y no se aísle socialmente, ya que esto genera (como señalábamos antes) más problemas añadidos.
– Conocer el origen de la vergüenza, saber cuál es el motivo por el que se ha llegado a temer la opinión de los demás en demasía.
– Regular las emociones relacionadas con las interacciones sociales. El miedo al “otro”, a su juicio negativo.
– Ganar seguridad y confianza con respecto al otro.
– Aprender a no evitar cognitiva, emocional y conductualmente.
– Entrenamiento en refocalización atencional: se busca con esta técnica que la persona centre su atención con todos los sentidos tanto en los elementos externos de la situación en que está inmersa, como internos para que puedan ser vividos con mayor neutralidad sin atribuirles juicios de valor.
Algunas técnicas dentro de las Terapias Cognitivo Conductuales se encuentran en claro desuso debido a la evitación de la experiencia que representan como la relajación y respiración abdominal: tanto la relajación como la respiración abdominal son técnicas empleadas en el pasado y que pretendían, entre otras cosas, modificar la irrigación de sangre a la cara que es lo que causa el rubor facial. Pero se encuentran en desuso debido a la evitación de la experiencia de ponerse rojo que tanto se teme.
Cuando alguien se pregunta cómo evitar ponerse rojo o cómo dejar de ponerse rojo por todo, es importante distinguir el rubor —una respuesta corporal normal— del miedo intenso a que aparezca. Intentar controlar continuamente el color de la cara, comprobar si se está enrojeciendo o evitar situaciones por temor al rubor puede aumentar la atención sobre estas sensaciones y mantener el ciclo de ansiedad.
El objetivo de la psicoterapia no es prometer que una persona nunca volverá a ruborizarse, sino reducir el miedo a ponerse rojo, la vergüenza, la autoobservación y las conductas de evitación. Al aprender a tolerar mejor el rubor y dejar de organizar la vida alrededor de evitarlo, la ansiedad puede disminuir y las situaciones sociales pueden afrontarse con mayor libertad.
En algunas personas, la eritrofobia puede aparecer junto a patrones persistentes de inhibición social, sentimientos de inadecuación o miedo al rechazo. Cuando la evaluación muestra dificultades más amplias y estables, conviene valorar también el funcionamiento interpersonal y de la personalidad, incluida la posible presencia de rasgos de personalidad evitativa, para adaptar el tratamiento al caso concreto.
Como tratamientos farmacológicos que se han empleado en el caso de la eritrofobia cabe señalar los antidepresivos, los betabloqueantes y los ansiolíticos.
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