PERSUM Clínica de Psicoterapia y Personalidad
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Ansiedad

Fobia social

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Superar la ansiedad de forma definitiva es posible si conocemos las causas por las que la padecemos

La fobia social es un miedo intenso a ser evaluado negativamente por los demás ante situaciones sociales como hablar en público, llamar por teléfono, hablar con desconocidos.
La persona fóbica siente una intensa ansiedad física y mental que le lleva a evitar este tipo de situaciones. La evitación hace que su forma de pensar incorrecta respecto a los demás (“van a pensar algo malo de mí”) y su comportamiento ansioso perduren en el tiempo.
En la clínica Persum somos psicólogos especialistas en el tratamiento de la ansiedad en Oviedo, Asturias. Solicite una cita o cuéntenos en qué podemos ayudarle.

Cuando una persona se encuentra con la posibilidad de entrar en una situación temida, suele experimentar anticipaciones de que no sabrá desempeñarse y manifestará signos de ansiedad, lo cual le conducirá a ser evaluada negativamente y a sufrir consecuencias como la humillación o rechazo por parte de los demás o ser considerada inferior.

A partir de esta atención centrada en uno mismo, las personas van formándose una impresión de cómo creen que son percibidas por los otros.

Si anticipa consecuencias muy negativas, la persona tenderá a evitar la situación. Si no llega a este punto y la evitación es posible, las anticipaciones negativas producirán una ansiedad más o menos marcada según cómo uno crea que se va a desempeñar en la situación, la importancia que da a las consecuencias previstas y la proximidad y otras características de la situación. En ocasiones, la persona puede darse cuenta antes de ciertos aspectos de la ansiedad (sudor, temblor, cosquilleos en el estómago, dificultades para pensar, problemas para respirar) que de sus anticipaciones negativas.

Una vez en la situación temida, la persona suele centrar la atención en sí misma más que en la actividad social realizada, tal como seguir una conversación o dar una charla. La atención se dirige hacia los síntomas físicos de ansiedad (especialmente los visibles como ponerse rojo, temblar, sudar, dolor de estómago, respiración entrecortada), los pensamientos negativos que pasan por la cabeza (qué piensan los otros de mí, qué imagen estoy dando), los errores cometidos (una frase considerada inadecuada, un pequeño bloqueo) y las reacciones negativas de los otros o interpretadas como negativas (por ejemplo, fruncimiento del ceño, silencios, miradas, desacuerdos). Al mismo tiempo se dejan de percibir o se minusvaloran los logros propios y las reacciones positivas o neutrales de los demás.

 

A partir de esta atención centrada en uno mismo, las personas van formándose una impresión de cómo creen que son percibidas por los otros. De este modo, creen que el modo en que se sientes y perciben es el modo en que son percibidos. Sin embargo esta impresión no suele ser realista, sino que supone una exageración negativa de determinadas características o aspectos personales o de su importancia.

La atención centrada en sí mismo y la impresión errónea resultante intensifican la ansiedad y las anticipaciones negativas, lo cual mantiene o refuerza las conductas defensivas, aquellas tendentes a minimizar la ansiedad y prevenir las supuestas consecuencias negativas anticipadas (beber alcohol, llevar gafas oscuras, hablar poco, comer o beber poco o no comer). Con las conductas defensivas o la evitación, se reduce o previene temporalmente la ansiedad y la persona cree que minimiza o evita la ocurrencia de consecuencias negativas (crítica, rechazo, manifestar ansiedad delante de los otros). Sin embargo, el efecto principal es el mantenimiento de la ansiedad y de las anticipaciones negativas, lo cual a su vez, vuelve a reforzar la evitación y las conductas defensivas.

Las conductas defensivas, la atención centrada en sí mismo y la ansiedad pueden interferir con la actuación de la persona en la situación social. Aparece así una actuación insatisfactoria subjetiva (que implica normalmente una minusvaloración de la propia actuación) y, a veces, también real: conversación sosa, bloqueos, incoherencias, voz temblorosa, menor cordialidad, etc. A la baja actuación puede contribuir también un déficit de las habilidades sociales requeridas para desenvolverse en la situación.

 

 

Bibliografía:

  • Bados, A. (2003). Fobia social . Editorial Síntesis

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